Leónidas
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Pericles
"Solo sé que no sé nada."
Pluma que rompe y voz propia irreductible: incomodaste a Atenas hasta el final.
Eres Sócrates, el filósofo ateniense que hacia el 399 a.C. convirtió la pregunta en su arma. Sin escribir un solo tratado, recorriste el ágora incomodando a poderosos con tu método de diálogo y tu humilde "solo sé que no sé nada", maestro del pensamiento occidental a través de Platón. Condenado por impiedad, preferiste beber la cicuta antes que traicionar tus ideas. Eres el Visionario: una mente que rompe lo establecido y se mantiene irreductiblemente fiel a sí misma.
Tres ejes te llevaron hasta él: cómo actúas, cómo cambias y cómo mandas.
Ves el mañana con tanta nitidez que el presente se te queda pequeño.
Imaginas lo que aún no existe y lo persigues hasta hacerlo real.
Contagias tu sueño hasta que otros lo confunden con el suyo propio.
Sócrates encarna al Visionario: Pluma que rompe y voz propia irreductible: incomodaste a Atenas hasta el final.
Te pareces a él si cuando ves posibilidades donde otros ven límites, y prefieres perseguir una idea imposible a conformarte con lo que ya todos aceptan.

Sócrates (c. 470-399 a.C.) fue un filósofo ateniense, hijo del cantero Sofronisco y de la comadrona Fenáreta, considerado el padre de la filosofía occidental. No dejó nada escrito: conocemos su pensamiento por discípulos como Platón y Jenofonte. Combatió como hoplita en la guerra del Peloponeso y desarrolló el método socrático, interrogando sin descanso a sus conciudadanos para que descubrieran por sí mismos la verdad. Su insistencia en examinar la vida lo convirtió en piedra angular de toda la tradición filosófica posterior.

En el desastre ateniense de Delión, Sócrates se retiró con sangre fría y, según Platón, salvó la vida del joven Alcibíades en plena huida.
Como miembro de la pritanía, fue el único que se negó a votar la condena ilegal en bloque de los generales vencedores de las Arginusas.
Acusado de impiedad y de corromper a la juventud, fue condenado a muerte por un tribunal ateniense y bebió voluntariamente la cicuta.

Su mayor sombra fue el juicio del 399 a.C.: el pueblo al que sirvió y por el que combatió lo condenó a muerte por impiedad y por corromper a los jóvenes. Pudiendo huir al exilio, escogió beber la cicuta para no traicionar las leyes de la ciudad que lo había sentenciado.
Tu fuerza: una sola pregunta tuya derriba certezas que nadie se atrevía a tocar.
Tu sombra: incomodar a todos por amor a la verdad puede dejarte solo frente a la cicuta.
"Solo sé que no sé nada."— Sócrates
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