Alejandro Magno
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César Augusto
"Prefiero morir de pie que vivir de rodillas."
Espada y revolución por los que no tienen voz: levantaste a los esclavos contra Roma.
Eres Espartaco, el gladiador tracio que en el 73 a.C. escapó de la escuela de Capua armado apenas con cuchillos de cocina y encendió la mayor rebelión de esclavos contra Roma. Con brillantez estratégica —descendiendo por el Vesubio colgado de vides para sorprender a las legiones— y repartiendo el botín por igual, reuniste un ejército de decenas de miles que humilló al poder más grande del mundo. Eres el Libertador: espada y revolución no por tu gloria, sino por los que no tienen voz.
Tres ejes te llevaron hasta él: cómo actúas, cómo cambias y cómo mandas.
Te niegas a aceptar las cadenas que todos los demás dan por normales.
Pones tu vida al servicio de la libertad de otros, no solo la tuya.
Te enfrentas al poderoso aunque estés solo y desarmado.
Espartaco encarna al Libertador: Espada y revolución por los que no tienen voz: levantaste a los esclavos contra Roma.
Te pareces a él si cuando una injusticia te quita el sueño y prefieres arriesgarlo todo por liberar a los tuyos antes que vivir tranquilo bajo el yugo.

Espartaco fue un gladiador tracio que en el 73 a.C. encabezó la mayor rebelión de esclavos de la Roma republicana, la Tercera Guerra Servil. Huido de la escuela de gladiadores de Capua con un puñado de compañeros, llegó a comandar un ejército de decenas de miles de esclavos. Su desafío humilló repetidamente a las legiones romanas y lo convirtió en símbolo perdurable de la lucha por la libertad.

Junto a unos doscientos gladiadores escapa de la escuela de Léntulo Batiato en Capua y se refugia en las laderas del Vesubio.
Al frente de un ejército creciente vence a los ejércitos consulares de Léntulo y Gelio y avanza victorioso por toda la península itálica.
Acorralado por Marco Licinio Craso en Apulia, libra su última batalla en el río Silario, donde su ejército es aniquilado.

Cercado por las legiones de Craso y sin la huida por mar que esperaba, cayó luchando en el 71 a.C. y su cuerpo nunca fue hallado entre los miles de muertos. Roma crucificó a seis mil de sus seguidores a lo largo de la Vía Apia como advertencia, borrando la rebelión pero no su leyenda.
Tu fuerza: levantas a los caídos y les devuelves la dignidad de ponerse de pie.
Tu sombra: la causa puede pedirte más sangre de la que ninguna victoria devuelve.
"Prefiero morir de pie que vivir de rodillas."— Espartaco
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