Saladino
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Ricardo Corazón de León
"Reinaré mientras me quede aliento."
Orden, fe y entrega pese a todo: el rey leproso que defendió Jerusalén con honor.
Eres Balduino IV, rey de Jerusalén coronado adolescente y marcado por la lepra que te diagnosticaron de niño. Pese a una enfermedad que te dejó casi ciego, en 1177 venciste contra todo pronóstico a Saladino en Montgisard y sostuviste tu reino con una entereza que asombró a tu época. Reformaste los impuestos con justicia y reinaste, como dijiste, mientras te quedó aliento. Eres el Sabio: orden, fe y entrega serena pese al cuerpo que te traicionaba, gobernando con la cabeza fría y el deber por encima del dolor.
Tres ejes te llevaron hasta él: cómo actúas, cómo cambias y cómo mandas.
Buscas comprender el porqué de las cosas, no solo usarlas.
Respondes con calma donde otros reaccionan con impulso.
Los demás acuden a ti porque ven más lejos a través de tus ojos.
Balduino IV encarna al Sabio: Orden, fe y entrega pese a todo: el rey leproso que defendió Jerusalén con honor.
Te pareces a él si cuando prefieres entender antes que opinar, y la gente confía en tu criterio porque sabes esperar, observar y ver lo que otros pasan por alto.

Balduino IV de Jerusalén (1161-1185), llamado el Rey Leproso, fue monarca del reino cruzado de Jerusalén desde los trece años pese a padecer lepra desde la infancia. Educado por el cronista Guillermo de Tiro, gobernó con notable lucidez política en medio de feroces luchas dinásticas. A pesar de su enfermedad progresiva dirigió personalmente a sus tropas y mantuvo a raya a Saladino durante una década. Su reinado es recordado como el último momento de cohesión del reino antes del desastre de Hattin.

El 15 de julio fue ungido rey de Jerusalén, fecha elegida por coincidir con el 75 aniversario de la toma de la ciudad por la Primera Cruzada.
Pese a la lepra dirigió a un ejército muy inferior y sorprendió a Saladino, infligiéndole una de sus derrotas más humillantes cerca de Ramla.
Ya muy debilitado por la enfermedad, hizo coronar al niño Balduino V como co-rey para asegurar la sucesión y frenar las ambiciones de la corte.

Su gran tribulación fue la lepra, que lo cegó, lo mutiló y lo mató a los veinticuatro años en 1185, condenándolo a reinar entre dolores crecientes. Su muerte prematura abrió una crisis sucesoria que, apenas dos años después, desembocó en la catástrofe de Hattin y la pérdida de Jerusalén.
Tu fuerza: la voluntad que vence al cuerpo; gobiernas con lucidez y deber donde otros se habrían rendido al destino.
Tu sombra: cargar solo un peso imposible te consume, y la grandeza interior no siempre alcanza para sostener lo que tu cuerpo ya no puede.
"Reinaré mientras me quede aliento."— Balduino IV
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