Carlomagno
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Dante Alighieri
"Qué buen vasallo, si tuviera buen señor."
Espada, lealtad y honor por los tuyos: el caballero invicto de la frontera.
Eres El Cid, Eres Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y en 1094 conquistas Valencia tras casi un año de asedio y la defiendes contra los almorávides en Cuarte. Caballero castellano del siglo XI, serviste a reyes cristianos y musulmanes con una lealtad y un valor que te hicieron invicto en la frontera. Tu palabra y tu espada valían lo mismo, y por eso tu leyenda creció más allá de tu vida. Eres el Guardián: fuerza y orden no para tu gloria personal, sino para proteger a los tuyos y sostener lo que juraste defender.
Tres ejes te llevaron hasta él: cómo actúas, cómo cambias y cómo mandas.
Proteges lo que amas aunque nadie te lo agradezca ni lo vea.
Antepones el deber al deseo, y la promesa al cansancio.
Eres el muro que aguanta cuando todos los demás se rinden.
El Cid encarna al Guardián: Espada, lealtad y honor por los tuyos: el caballero invicto de la frontera.
Te pareces a él si cuando das un paso al frente para proteger a los tuyos sin esperar recompensa, y entiendes que la verdadera fuerza está en sostener, no en brillar.

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (hacia 1048-1099), fue un noble y caudillo militar castellano de la España de los reinos de taifas. Sirvió a los reyes Sancho II y Alfonso VI, y tras ser desterrado luchó para cristianos y musulmanes hasta conquistar Valencia. Importa por su pericia militar y por inspirar el Cantar de mio Cid, la gran epopeya de la literatura española.

Defendiendo los intereses del rey de Sevilla, derrotó y capturó al conde García Ordóñez, consolidando su fama como invicto Campeador.
Tras un largo asedio, Valencia capituló en junio y Rodrigo la gobernó como señor autónomo, caso único para un noble cristiano de su tiempo.
Junto a Valencia infligió una severa derrota a los almorávides, primera gran victoria cristiana frente a aquel imperio norteafricano.

Su mayor adversidad fue el destierro: Alfonso VI lo expulsó de Castilla hacia 1081, obligándolo a vivir como caudillo errante al servicio de taifas musulmanas. Murió en Valencia en 1099 y, sin su mano, la ciudad cayó pronto en poder almorávide.
Tu fuerza: la lealtad y el honor hechos roca; los tuyos saben que tu palabra no se rompe y tu espada no falla.
Tu sombra: servir con tanta fidelidad a señores que no la merecen puede dejarte solo, traicionado por aquellos a quienes guardaste.
"Qué buen vasallo, si tuviera buen señor."— El Cid
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